Artículo de Ramón Ceballo

Al observar hoy los pronunciamientos de dirigentes que en el pasado se presentaron como fieles seguidores del doctor José Francisco Peña Gómez, resulta inevitable sentir impotencia y, sobre todo, vergüenza.
Vergüenza ante el intento de justificar acciones que son, en esencia, injustificables; vergüenza frente a discursos que traicionan los principios que dicen defender.
Durante años he sostenido que una parte importante de la clase política dominicana se cobijó bajo la sombra del peñagomismo sin comprenderlo ni practicarlo realmente, utilizándolo como una simple plataforma para obtener ventajas políticas y económicas.
