Artículo de Isidro Toro Pampols
Las encuestas electorales son parte esencial de las campañas políticas y son uno de los varios mecanismos para explorar la opinión pública.
Entre otras técnicas, están las sesiones de grupo o «focus groups», entrevistas en profundidad, análisis de contenido y más.
Estas herramientas son útiles para intentar conocer y comprender la intención de voto, la simpatía partidaria, la imagen tanto de los dirigentes como de los partidos, los problemas que agobian, las aspiraciones de los electores.
La mecánica tradicional es seleccionar un grupo de votantes y aplicar un cuestionario similar a todos ellos, sobre la base de una muestra tomada en una zona geográfica específica, cuidando que sea representativa de la población objetivo.
En Hispanoamérica las encuestas han entrado en crisis de credibilidad producto de errores. En Colombia han cometido varios deslices de predicción notables, siendo el Plebiscito de 2016 sobre los acuerdos de paz uno de los yerros más significativos, donde la mayoría de los sondeos anticipaban la victoria del "Sí".
En Bolivia 2025 daban como favorito al empresario Samuel Doria Medina durante gran parte de la campaña; sin embargo, terminó en tercer lugar con solo el 19.9% de los votos. El ganador de la primera vuelta, Rodrigo Paz Pereira, inició su campaña con apenas un 3% de intención de voto y terminó con el 32.2%.
En las elecciones de México 2024, aunque la mayoría acertó pronosticando el triunfo de Claudia Shienbaum, fallaron con los márgenes e incluso una de las reputadas firmas le dio perdedora.
En las legislativas Argentina 2025 mostraron una disparidad significativa entre las proyecciones y los resultados electorales.
En Honduras 2025 el desempeño de las encuestadoras estuvo marcado por críticas severas debido a la falta de precisión y el uso de datos con fines políticos, finalmente, Nasry Asfura que le daban tercero ganó.
En el comportamiento electoral hay que tomar en cuenta el efecto Bradley que muestra a grupos de votantes quienes tienden a afirmar que están indecisos o que votarán a un candidato determinado en el momento en que son encuestados y posteriormente, en las elecciones, votan por otro candidato. Bolivia y Honduras pudieran ser buenos ejemplos.
Una variante del efecto Bradley es el «votante tímido» o «voto oculto», que son los electores quienes ocultan su verdadera intención o declaran estar indecisos debido a algún temor, coacción o presión de su entorno por considerar que su preferencia, por ejemplo, está mal vista socialmente.
Un claro ejemplo del «voto tímido u oculto» lo tenemos en la campaña electoral EE. UU. 2020 durante la cual se adelantó una feroz cruzada contra el entonces candidato Donald Trump al punto que se ha debatido si la discrepancia de los resultados con las encuestas fue porque los seguidores del candidato republicano no admitían su apoyo en encuestas por miedo a ser juzgados.
Algo parecido ocurrió igualmente en los EE. UU. en 1948 cuando la empresa Gallup predijo que Thomas Dewey ganaría las elecciones, pero Harry S. Truman salió victorioso.
En política dominicana la mayoría de las empresas dieron ganador al presidente Luis Abinader el 2024, aunque algunas erraron en los márgenes. Otros directivos de oposición mostraron sus encuestas con números que no correspondieron a la realidad, pero al final del día dieron sus argumentos «explicando lo inexplicable». Esto no es efecto Bradley sino el de «encuestadoras fantasmas»
La mayoría de las encuestas elaboradas durante los procesos electorales del 2020 y 2024 no vaticinaron la alta abstención que se produjo en las correspondientes elecciones.
Posiblemente en el 2028 no perciban la posibilidad de un candidato emergente, incluso dentro de alguno de los partidos mayoritarios en las decisiones del 2027, quizás por el efecto Bradley.
Lo cierto es que los votantes están sorprendiendo a los políticos al desafiar los pronósticos de las encuestas.
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