domingo, 8 de febrero de 2026

República Dominicana: la abstención es una revelación de la desafección con el sistema político

   Artículo de Isidro Toro Pampols  


La abstención en las elecciones generales del pasado mayo 2024 en República Dominicana alcanzó el 45.63%.

En las elecciones del año 2000, el 76.14% ejerció su derecho al voto, con una abstención del 23.86%.

O sea, que en 24 años la abstención aumentó en un 22%.

Varias son las causas, pero la mayoría tienen un común denominador: la desafección.

En las elecciones de 2004, el porcentaje de participación descendió ligeramente al 72.84%, a pesar de que el número de electores aumentó a 5,020,703. La abstención se situó en el 27.16%.

Para el año 2008, la tasa de participación disminuyó aún más. La abstención, por tanto, aumentó al 28.56%.

En las elecciones del año 2012 la abstención se elevó a 29.85%. En las del año 2016 alcanzó el 30.40%.

En 2020, en medio de la pandemia, los comicios presidenciales marcaron un hito histórico: el país registró la más alta tasa de abstención desde el fin de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en 1961 llegando al 44.71%.

Este domingo 19 de mayo del 2024, un total de 8,105,151 dominicanos estaban convocados a participar en las elecciones presidenciales y legislativas, alcanzando la abstención la cifra récord del 45.63%.

Veamos algunos datos.

La atención superó el 80% entre los dominicanos residentes en el exterior, lo que es una variable que influye en el número final, aunque la desafección también afecta a esos electores.

13 demarcaciones, 12 provincias y el Distrito Nacional, despuntaron sobre el 40% de abstención, superando la media nacional las provincias Duarte con 46.04% y Santiago con 52.26 %.

Las de menor fueron Independencia, con 25.57%; Pedernales, 25.80 %, Dajabón, 28.42% y Monte Plata, 30.72%.

La desafección se expresa como un sentimiento que no siente estima por algo o muestra hacia ello desvío o indiferencia.

Cada día la población electoral dominicana es más indiferente, desapegada, del ambiente político nacional.

Seguro que no podemos afirmar que el 45% de los abstencionistas son opuestos o tienen antipatía por el sistema de partidos políticos dominicano, pero el salto brusco del 2016 del 30% al 45% del 2024 debe llamar a reflexión.

Es recurrente escuchar que el Estado no responde a las aspiraciones de la inmensa mayoría de la población.

Que no sienten servicios públicos eficientes, especialmente en materia de salud, educación, vialidad, tránsito, seguridad pública y social.

Hace unas décadas se discutía sobre política nacional e internacional entre los miembros de las universidades, gremios y en otros ambientes. Hoy son pocos quienes lo hacen y se ubican, esencialmente, en grupos etarios de adultos medios a mayores.

El deporte de masas y los espectáculos se han transformado en las nuevas religiones.

¿Recuerdan la canción lanzada en 1978 sobre los «chicos plásticos» de Rubén Blade y Willy Colón?

Eso fue una campanada de alerta sobre una sociedad, especialmente los jóvenes plásticos que hoy los hay popis y wawawa, que comenzaban a orientarse por elementos superfluos, guardar apariencias, estar a la moda y vivir de pura ilusión.

Jóvenes y menos jóvenes utilizan buena parte de su tiempo a estar conectado, afiliados una comunidad virtual donde lo importante son los seguidores en un contexto de simulación.

La película mexicana del 2023, Señora Influencer es una comedia negra y de terror psicológico, donde la protagonista, a medida que gana seguidores en las redes que la admiran, aflora una trama de falsedad signada por intereses comerciales que colocan de bulto esa realidad.

Coloca sobre relieve un amplio sector, afortunadamente no toda, de una sociedad profana donde reina la ignorancia, el fanatismo y la vanidad.

Un sector social alimentado por medios de comunicación cada día más influyentes, como las redes sociales, que dominan a los individuos por sus pasiones y los «enamoran» para vivir en la ignorancia y la vanidad.

Un sector social con gran exposición mediática que coloca las manifestaciones fatuas, incluso del crimen, en la cumbre de los honores.

Combatir esta tendencia no implica coartar expresiones de la cultura contemporánea.

Cada época tiene su expresión y lo importante es que la moral responda a una ética de respeto a la dignidad del ser humano y de la naturaleza, a la que nos debemos porque de ella dependemos.

La educación es fundamental para hacer comprender en el interior de cada individuo, en su conciencia, que la virtud, aunque parezca fuera de moda y hoy este arrumada en un baúl, es más respetable y merece más consideración entre nosotros que los honores fatuos, incluso producto de acciones licenciosas.

Los lideres políticos, gremiales, empresariales, académicos, religiosos, deportivos, entre otros, deben despojarse de sus metales preciosos, colocarlos a buen resguardo, y sin ese peso de vanidad estudiar con detenimiento como abordar el tema que nos agobia, la desafección entre otros, y encontrar caminos para reconstruir nuestra sociedad sobre la base del saber, el honor y la virtud.

 

 

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