Artículo de Isidro Toro Pampols
Desencantamiento lo entenderemos como sinónimo de decepción, desilusión, desengaño, y desencantar como decepcionar, desilusionar sin relación directa con romper un encanto o hechizo, aunque hay muchas personas que andan por la vida bajo el embrujo de una idea política o de un encantador de serpientes que, como si fuera un sofista del siglo XXI, mantiene tras de sí a importantes grupos humanos como si fuera el Flautista de Hamelín.
En la segunda mitad del siglo XX la política encantaba a ingentes grupos de personas quienes se afiliaban a partidos o movimientos políticos que tenían perfiles ideológicos quienes luchaban por ideas y, aunque en ocasiones había mucha utopía, la dinámica además de un liderazgo aquilatado en la teoría y la praxis le daba sentido a la vida de los congregados. A medida que languidecía el siglo decaía el entusiasmo más por una dirigencia que asimiló la practicidad como guía de acción política, dejando de lado la formación, programas, el debate ideológico, la lucha social entre otras formas de hacer política.
Hay un momento en que los seres humanos racionalizan el comportamiento de políticos y cuando hablo de políticos no solamente es de funcionarios, parlamentarios o dirigentes partidarios sino también de algunos comunicadores, cabecillas gremiales, referentes culturales y hasta religiosos así que, cuando un individuo por fin se sienta a analizar la forma de comportamiento de algunos líderes, sobreviene una devaluación, algo parecido a la desvalorización de las moneda en tiempos de crisis, y la mística que irradiaban estos dirigentes va perdiendo valor hasta llegar su imagen al zafacón, arrastrando la de sus compañeros de partido o asociación.
A medida que la civilización le va enseñando al ciudadano, por distintas vías, que la mayoría de lo que existe se puede comprender por medio del cálculo y la conjetura razonada, las personas desacralizan desde los mitos, pasando por los fantasmas, hasta llegar a cosas más terrenales como los liderazgos políticos, entre otros.
En la sociedad esos procesos de desacralización, cuando las comunidades van perdiendo el significado y hasta el respeto por símbolos que los identifican como grupo, sobreviene lo que se conoce como anomia o conjunto de situaciones que derivan de la degradación de normas sociales al punto que las personas comienzan a percibir que van irremediablemente a una situación caótica.
La alta abstención electoral es un síntoma evidente de desencantamiento, pero la inmediatez y el minimalismo de muchos políticos y “analistas” que buscan reducir cualquier interrogante a respuestas fáciles, al pensamiento Alicia, aunque sea con argumentos lógicamente tirados por los cabellos, pero que le es útil para sus logros inmediatos, disfrutando el momento de la música, aunque el barco se esté hundiendo, como en la película el Titanic.
Jugar a la estrategia electoral elaborando modelos de alianzas sobre la base de matemáticas comiciales, abordándola de manera simplista, es un grave error de políticos cuya visión no va más allá de la punta de sus narices o la ambición les induce a proyectar un horizonte cercano con la convicción de que lo importante es llegar y luego veremos cómo se “enderezan las cargas”, aunque no comprendan lo que realmente sucede.
Por eso trascienden en el tiempo los políticos que, con los pies en la tierra y alto sentido de responsabilidad, le hablan claro al pueblo, ganan seguidores, rompen viejos paradigmas y barren con caducas estructuras partidarias. Estos políticos han logrado la auctoritas o autoridad moral o influencia que se gana a través de la reputación, el respeto y la experiencia.
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